lunes, octubre 18, 2010

Para pensar...los 33 .

Por Guillo Pistonesi
Tengo que reconocer que me emocioné cuando anoche vi la salida en directo de Florencio Ávalos, el primero de los mineros de San José. Lugar común, si los hay.
Antes, pasó por mi cerebro otro lugar común, pero un poco más de izquierda: “La joda de todo esto es que el facho de Piñera se va para arriba, no lo para nadie, clima reaccionario de unidad nacional entre explotadores y explotados. Mierda”.
“Si se muere alguno, es una desmoralización para toda la clase trabajadora”, me auto-consolaba para poder racionalizar el primero de los lugares comunes, la emoción y la alegría de que salían vivos y se abrazaban con sus hijos y otros seres queridos (o no tanto, como alguna compañera que lo es nada más que en los papeles). La famosa frase “nada de lo humano me es ajeno” (que algunos le atribuyen a Carlos Marx pero que es de un comediante romano, Terencio, de hace 21 siglos), no me alcanzaba para no sentir culpa por tener el mismo sentimiento que Piñera y hasta el último pinochetista.
Dos, tres… Me levanto el miércoles trece, quince, veintiocho mineros que salían. Todo impecable. El show mediático funciona a las mil maravillas. No se olvidaron de detalle, de dónde poner las banderas chilenas, de las decenas de cámaras incluyendo las que siguen el mismísimo recorrido de la cápsula y hasta en el hospital de campaña, siguiendo a los mineros sigilosamente, como si no estuvieran allí. Los canales de “noticias” dejaron de lado los robos y asesinatos, los affaires de la farándula y hasta la discusión del 82% móvil. Ni siquiera pudieron darle para que tengan a los estudiantes de Sociales que entraron en el Ministerio de Educación con sus ya conocidos “forajidos”, “violentos”, “destructores”, y las diatribas para que se los condene a perpetua. No. Cadena nacional, mundial. (Otra buena, ayer esto hizo caer el rating de la repugnancia tinellesca).
Los monopolios mediáticos (opositor y oficialista) se pusieron de pronto de acuerdo. Somos todos humanos.
Lo novedoso para la maquinaria burguesa mediática de lavar o triturar cerebros es que debieron mostrar algo que “no existe” usualmente. Los trabajadores tienen nombre, apellido y hasta historia personal, amores, desamores, hijos de acá y de allá. Son poetas, músicos, deportistas, cheffs, además de sus oficios de técnicos, electricistas, choferes, etc. Los minerales con lo que se construyen ciudades, caminos, metales, no aparecen en las mesas de las familias de la nada. Los trabajadores son los que transforman la naturaleza, producen y distribuyen todas las mercancías que utiliza la humanidad, y gozan unos pocos.
Aquel Cerro de Postosí que sirvió durante más de trescientos años para levantar el Cono Sur hispánico a través de la explotación de su plata (y de sus indios a través de la mita), se multiplica por cientos o miles de mineras por toda la Cordillera. Y en esas explotaciones hay miles, decenas de miles de hombres que trabajan. Aquel mundo subterráneo no es solo del de los 33. Pero… ¡no! las ideas de estas últimas líneas lejos estaban de salir de la TV, sino sólo de mi imaginación…
Cuando era chico me contaron algo que nunca corroboré. Mi familia era muy religiosa. Protestante. Y contaban que una cerrada y fría noche de diciembre de ¿1915, 16 o 17?, en aquella brutal guerra de trincheras que se sucedía entre Francia y Alemania de pronto pararon de sonar los Mauser, las ametralladoras, los morteros y la artillería. ¿Qué sucedía? La “mágica” Nochebuena si no hizo confraternizar a los helados soldados, al menos habría logrado que no se mataran más. Por unas horas.
Algo así sucedía por estas horas. “Canto a la vida”, sonrisas, abrazos. Un mundo perfecto. Fernando Bravo pasando en su vulgata radial “Gracias a la Vida” de Violeta Parra… (nooooooo!!)
La verdadera operación mediática, creo, consistió en convertir la negligencia y la superexplotación en un gran logro… burgués.
“Las condiciones de inseguridad de la mina eran flagrantes, conocidas y reiteradas. Los incumplimientos y las trampas lindan en lo delictivo”; “La mina San José tiene acreditados 80 accidentes, algunos de ellos graves. En 2004 hubo un muerto y otro en 2006. Ese año, un segundo accidente causó 182 heridos. Las autoridades la cerraron en 2008 tras la muerte de un geólogo en una explosión. Los dueños fueron acusados de homicidio involuntario. El caso se cerró tras un acuerdo extrajudicial y el pago de una indemnización a la familia”; “Cuando se produjo el derrumbe, el 5 de agosto, los mineros trataron de salir a través de un túnel de ventilación. No lo lograron porque la chimenea de escape carecía de peldaños y solo cubría un tercio del camino”; “El martes hubo una manifestación de mineros en Copiapó, la ciudad más próxima. Eran trabajadores de San José que protestaban porque no cobran desde septiembre y la empresa les anuncia que el primer pago será en diciembre. Además de los 33 hay otros 300 mineros empleados en San Esteban. No todos disponen de las mismas condiciones. La empresa se nutre de subcontratas. Hay mineros de primera, que ganan mil dólares (unos 700 euros) al mes, y otros de segunda, que ganan menos”, cuenta el periodista español Ramón Lobo.
Pero, mejor no hablar de ciertas cosas. Hoy hay que festejar. Mostrar los logros de la burguesía y no como la productora del drama que, esta vez salió bien, pero que diariamente se cobra la vida de trabajadores de aquí o de allá.
La burguesía chilena y su flamante derechista gobierno de Piñera son los verdaderos directores, conductores y protagonistas de que los 33 estén vivos y fuera de la trampa. Los 33 son a Piñera y a la burguesía chilena lo que a Tinelli los que bailan en su pista por un sueño. Gran operación mediática.
Horas antes de que Piñera abrazara al compañero Florencio Ávalos, en Santiago el Senado votaba y sancionaba la ley de “Royalty minero” que no es más ni menos que una exención impositiva multimillonaria para las mineras canadienses, australianas, inglesas, entre otros países (algo que conocemos bien de este lado de la cordillera) por ocho años. Un proyecto del sonriente Piñera. Un regalo para las decenas de Alejandro Bohn y Marcelo Kemeny (los dueños de San José culpables del martirio que debieron vivir los 33, amén de otros crímenes arriba mencionados) que en pocos años están reventando no sólo lo que la naturaleza tardó millones de años para hacer, sino a decenas de miles de trabajadores que dejan sus vidas en esas minas.
Se me fue esa “contradicción sentimental”. Los hipócritas son ellos, no yo. Cínicos.
De algo estoy seguro. Más allá de que la vida de los 33 seguramente va a cambiar radicalmente desde el punto de vista material (notas, libros, películas), la verdad y la venganza no tardarán en venir. La unidad de sentimientos entre explotados y explotadores, no es más que una vana ilusión pasajera.